Sin decir adios!

Ella era mía,
y yo era suyo,
y la amaba,
como se ama la vida.
Pero un día me dejó,
sin un por qué,
sin una razón,
y con el alma tan vacía.
Nunca nada fue tan duro,
ni tan difícil para mí,
que, cuando ella me abandonó,
en ese negro día.
Nada sin ella tenía sentido,
y ese terrible dolor en mi corazón,
como el de un alma herida,
que sentía que moría.
Se me apagaba la vida,
porque la luz de sus ojos,
quizás, nunca más otra vez vería.
De luto estaba mi corazón,
y de luto también mi guitarra,
sin un motivo para una canción,
y sin inspiración para tocarla,
y aunque el soplo del omnipotente estaba en mí,
sin ella sentía que no podía vivír mi alma.
Por Derwell J Fallu61253625.7f756b

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