La fe es más grande que la esperanza!

La fe es más grande que la esperanza. Un día visité a un señor que había sido desahuciado de los médicos, por una enfermedad terminal, por la que solo le daban algunas semanas de vida. Su cuerpo había quedado en tal deterioro, que literalmente se podían contar todas sus costillas. Él ya no podía hablar ni comer y lo único que podía mover, eran sus párpados levemente. Así que en su desesperación, un familiar suyo me invitó para que hiciera oración por aquél hombre moribundo. Desde la visión óptica y la capacidad mental humana era muy remoto lo que se pudiera hacer y esperar de aquél desdichado hombre. Sin embargo, cuando tenemos la gran virtud de entender la capacidad, el poder y el amor del creador de todas las cosas, entonces también comprenderemos que para lo que el hombre es imposible, para Dios no lo es. Así, que, convencido yo de que Dios era un recurso de posible alternativa para la cura de este hombre, le pregunté que si el quería ser sanado? Que si era, sí, que moviera sus párpados dos veces, lo cual hizo. Le pregunté si él estaba dispuesto a a entregarle su vida a Dios y dar testimonio de su poder a todos si el Señor lo levantaba de su
lecho? Le dije piénsalo primero, porque a Dios no
le complace, que las personas le hagan promesas que luego no cumplan. Así que, dijo que sí, con el lenguaje de sus párpados que era lo único con lo que aquél moribundo se podía comunicar. Oré a Dios: Señor, Jesús dijo, que vino para buscar y salvar lo que se había perdido y este hombre ha prometido que si tú le devuelve salud, él viviría para servirte y dar testimonio de tu amor, misericordia y tu poder sanador, por lo que te ruego Padre Santo, que le des una oportunidad a este hombre y lo levante de su lecho para que los que lo conocen a él también conozcan de tu amor, de tu misericordia y de tu poder sanador, así que ellos también puedan creer en tí y te sirvan, para que puedan ser salvos. En mi completa convicción pongo mi mano sobre el enfermo como un símbolo de que tu realizas en él un poderoso milagro, y por el sacrificio, muerte y resurrección, por las llagas de Cristo, declaro libre y en completa salud a este hombre. Amén. El milagro fue inmediato, el hombre habló y daba gloria a Dios, lo senté sobre su cama, aun se notaba algo débil y pedí que le hicieran algo suave de comer. Comió y una semana más tarde, asombrosamente! Yo vi a ese hombre, que iba corriendo en una bicicleta, totalmente curado. Gloria a Dios! Por Derwell J Fallu
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