Manipulación.

No creo en la separación de la iglesia y el estado, porque al principio no fue así, porque jamás ha sido esto la voluntad de Dios. Porque separar la iglesia del estado sugiere que, quiénes deban administrar los recursos del pueblo y dirigir el destino de un país, tienen que ser gente impía, no arrepentidos que no le sirven o adoran al soberano creador del universo.

En mi libro, ” La verdad más grande ” yo explico mas ampliamente este tema. Pero a conveniencia de los pecadores se ha favorecido la separación de la iglesia del estado, con el objeto de manipular convenientemente las leyes para favorecer los intereses de los burócratas y de todos aquellos cuyos motivos y pasiones son sus intereses personales y no los del pueblo y menos los del soberano creador del universo.
Es mucho más fácil para los corruptos y pillos, que el estado sea separado de la iglesia para lograr sus ambiciones egoístas y poder manipular las leyes que regulan nuestro estado de convivencia a conveniencia de ellos.
A partir del contexto histórico, sabemos que Dios quiso dirigir a su pueblo, pero cuando el pueblo decidió que quería un gobernante con rostro, Dios decidió que quiénes gobernaran al país, deberían ser hombres y mujeres temerosos de Dios que anduvieran según los caminos de Dios y bajo la conducción y el amparo de sus leyes y mandamientos. Quienes no anduvieran según sus leyes, serían cortados y condenados a la muerte.
Quizás una de las grandes excusas para querer separar la iglesia del estado, sea el conflicto de la diversidad de religiones. Sin embargo, yo creo que cualquier religión que promueva legítimamente las leyes de Dios y el temor reverente de sus súbditos, es mejor en la conducción de los asuntos administrativos y públicos del gobierno de un país que el actual sistema que tenemos y que no parece funcionar bien en beneficio del pueblo. Si tuviéramos un sistema administrativo de gobierno, dirigiendo en la política pública por el ministerio eclesiástico, la corrupción, el crimen y toda manipulación viciosa de las leyes a conveniencia de los menos, serían minimizado a un porcentaje de un 3 por ciento, logrando a su vez una mejor estabilidad en el aspecto económico, político, de Justicia y de equidad social. Por Derwell J Fallu
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