Ella era, como un helado invierno!

Mirarla de pies a cabeza,
era bonita como una reina egipcia,
de mirada tierna, de bonita sonrisa.
Ella era sensual como la lluvia,
me miraba y la miraba
el viento agitaba su pelo,
pero a mi alma le inundaba la duda,
porque aunque a mi corazón le ardía el fuego,
mi cuerpo sentía su hielo. Estaba fría desde donde nace el volcán,
no se percibía ni cenizas, no había nada en su suelo.
Era hermosa,
pero al amor no le basta lo bello!
Tienes que haber el cerillo, que al corazón le enciende el fuego,
esa chispa que te enciende la vida
y que te haces sentir cerca
aún lo que estás lejos. Quererla!
Llena el alma y el corazón de tantos miedos,
porque es ella uno de esos inviernos
que al amor le apaga el fuego,
Ella es lavas de un volcán muerto, que ya no tiene erupción,
y que al alma puede matarle su inspiración. Por Derwell J Fallu
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