El poder del pueblo.


El poder no debería estar ni en los políticos ni en los que gobiernan, sino en el pueblo que les paga para que administren nuestros recursos y nos sirvan. Pero cuando las cosas no salen como las esperamos, no es por mala suerte o porque nos equivocamos, no. Es que muchas veces ignoramos los medidores de moral y de justicia que debemos tomar en cuenta a la hora de elegir, en las manos de quienes confiamos nuestros recursos, el patrimonio del pueblo. La prueba de lo que digo es, que aún cuando sabemos que personas interesadas en la administración pública de nuestros asuntos, no tienen la calidad moral para asumir una representación de peso, ya sea, porque de alguna manera, se les haya vinculado con algún tipo de conducta inapropiada o discriminatoria o de ética profesional, aún a sabiendas, los elegimos y los postulamos, en vez de castigarlos no calificándolo para mantener pura nuestra institucionalidad. Recordamos casos, como el de uno de nuestros presidentes en el pasado, que fue sorprendido en un acto de infidelidad, pero que no fue sancionado, un poco de crítica pero nada más. De ese modo, es imposible que la gente encuentre razones de peso para mantener la verticalidad y la pureza requerida o demandante para poder ejercer las funciones en el ministerio público. La historia sobre estas realidades es continúa y no la vemos mejorar, parece que quejarnos por el pésimo desempeño, sería nuestro consuelo. Por Derwell J Fallu

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