Una verdad dolorosa!

En los días de Alejandro García Padilla, como gobernador de Puerto Rico, los puertorriqueños la estábamos pensando muy mal. Porque en esos días explotó lo de la deuda fiscal, y se conoció que era algo monumental, a la que Alejandro denominó, “impagable” una batería de asesores financistas pegaron a orientar a García Padilla, sobre la implementación de nuevos y difíciles impuestos al consumidor, se dispararon los aumentos en los servicios de agua, luz, transporte público, y otros. Alejandro García Padilla y sus asesores estaban desconcertados, porque ninguna de las medidas que tomaban, parecían proporcionar la respuesta que ellos esperan, antes les iba peor. Porque ante tantos impuestos y aumentos a los servicios básicos, se activó el éxodo más grande de personas hacia los estados, nunca antes visto en la historia de Puerto Rico. Ante tan terrible crisis, el gobernador estaba desesperado, nada parecía salirle bien. Iba y venía al congreso, buscando ayuda a la crisis, tantas veces, como podía, pero nadie parecía darle atención al pedido de ayuda del gobernador, porque la verdad, Alejandro García Padilla, no se había dado a bien querer de los funcionarios estadounidenses, sus constantes campañas de rechazo a la unión americana, parecía ser la razón, por la que nadie atendía su petición en paralelo de ayuda a la crisis fiscal, por la que estaba atravesando nuestro país.
El impacto económico negativo, que produjo estas medidas de García Padilla y sus asesores, me preocupó. Ver cómo cerraban cientos de empresas y negocios, como los bancos y dealers, se estaban desestabilizando con tantas propiedades y automóviles abandonados, porque las personas escogían irse del país por un mejor futuro, dejando todo. Me senté y escribí una carta al presidente Barack Obama, explicando con mucho detalle por lo que estábamos pensando los ciudadanos americanos puertorriqueños, y le pedí que interviniera usando de todo su poder y facultades como presidente de la nación más poderosa del mundo, y nos ayudara, y que no permitiera que las personas tuvieron una falsa razón para hablar mal de nuestra relación con los Estados Unidos.
Creo que Dios guió mi carta, el presidente Obama la recibió y me contestó con premura. Estas fueron sus palabras textuales. Yo me alegro que usted me haya escrito sobre Puerto Rico, esto me hace recordar, cuanto nosotros hemos logrado por Puerto Rico y cuánto nos falta todavía por alcanzar. Otra vez le digo; sus palabras se han quedado en mi corazón. Cerramos cita. Dos meses después, el presidente Barack Obama configuró y estableció la Junta de Control Fiscal para Puerto Rico, lo cual vino a ser un enorme respiro para Alejandro García Padilla y para el país, por el asedio y las amenazas de demandas y de embargo en los tribunales, no cesaban, por aquellos bonistas a los que nunca se les había podido actualizar un solo pago, por causa de la misma crisis por la que estábamos pensando.
Muchas personas se molestan con la Junta, la maldicen y le piden que se vaya. Olvidan que bajo la representación de nuestros líderes y gobernantes, se tomaron esos dineros en calidad de préstamos; muchos millones que nuestros gobernantes y líderes malversaron y robaron, pero que habiendo tomado esos dineros en nombre de Puerto Rico (no de ellos) nunca se ocuparon de honrar esos contratos de prestaciones y la deuda ha ido cada día en aumento, sin que hayamos podido lograr sobre avances soluciones reales.
La Junta es una agencia de cobros, que vino para encargarse de garantizar que el pueblo de Puerto Rico, se pondría al día con el compromiso de esos dineros que cogieron nuestros gobernantes.
Es injusto que la gente se moleste con los bonistas y con la Junta. Esos dineros los cogieron en nombre del pueblo de Puerto Rico, aquellos malos gobiernos que nos representaban. Lo que bien podemos hacer, es solicitar una auditoría, para tratar de entender lo que no hemos podido y ver cuáles ajustes podrían ser aplicables. Pero gritarle a la Junta improperios y que se vaya, no me parece justo, porque los abusadores y malditos pillos y corruptos cogieron ese dinero en nuestro nombre, que malversaron y robaron.
Termino con esto: Si yo le tomo prestado a usted, que está leyendo este comunicado, un millón de dólares, y me los gasto en lo que me dé la gana, y cuando ya no tengo dinero, voy adonde usted y le digo; mira el millón de dólares, que usted me prestó, yo no se lo puedo pagar porque estoy quebrado, así que necesito que me perdone la deuda. Usted qué haría? Me diría, no te preocupes, no pasa nada, déjalo así?Por Derwell J Fallu

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