El maullido del gato.

Llegaste tarde, cansada, te duchaste y te fuiste a dormir a la cama. Pero ese gato que empezó a maullar, y que arañaba con las garras de sus patas la puerta, no te dejaba descansar. Luchando con el sueño y con el ruido que hacía el gato, el reloj seguía marcando el tiempo indicando que se acercaba la mañana; bendito! Gato, que no paraba de arañar la puerta, ni de maullar. Al cabo de un rato, y de hacer silencio el gato, la luz del alba, se empezó a meter por la ventana, indicando que ya se estaba haciendo de mañana, que llegaba el nuevo día, que ya debías levantarte, porque tú tenías que ir a trabajar. Oh! Gato insolente! Que en toda la noche no te dejó descansar. Por Derwell J Fallu

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