Los que creen en Dios, lo compartiran.

La fe es más grande que la esperanza. Un día visité a un señor que había sido desahuciado de los médicos,  por una enfermedad terminal, por la que, solo le daban algunas días de vida. Su cuerpo había quedado en tal deterioro,  que literalmente, se le podían contar todas sus costillas. Él ya no podía hablar ni comer, y lo único que podía mover levemente, eran sus párpados. Así, que, en su desesperación, un familiar suyo me invitó para que hiciera oración por aquél hombre moribundo. Desde la visión óptica y la capacidad mental humana, era muy remoto lo que se pudiera hacer y esperar de aquél desdichado hombre. Sin embargo, cuando tenemos la gran virtud de entender la capacidad,  el poder y el amor del creador de todas las cosas, entonces también comprenderemos, que para lo que, el hombre es imposible, para Dios no lo es. Así, que, convencido yo de que Dios podría ser un recurso de posible alternativa, para la cura de este hombre, yo le pregunté; que si el quería ser sanado? Que si su respuesta, era que sí; que moviera sus párpados dos veces, lo cual hizo. Le pregunté si él estaba dispuesto a entregarle su vida a Dios y dar testimonio de su amor, misericordia y poder a todos, si el Señor lo levantaba de su
lecho?  Le dije, antes de responder, piénsalo primero,  porque a Dios no
 le complace que las personas le hagan promesas, que luego no cumplan. Así que, dijo que sí, con el lenguaje de sus párpados, que era lo único con lo que aquél moribundo, se podía comunicar. Oré a Dios: Señor; Jesús dijo, que él había venido para buscar y salvar lo que se había perdido, y este hombre ha prometido, que si tú le devuelve su salud, y tú lo levantas de su lecho de muerte, él viviría para servirte, y para dar testimonio de tu amor, misericordia y de tu poder sanador, por lo que yo, te ruego, Padre Santo, que le des una oportunidad a este hombre, y lo levantes de su lecho, para que los que lo conocen a él, también conozcan de tu amor,  de tu misericordia y de tu poder sanador, así que ellos también, puedan creer en tí y te sirvan, para que puedan ser salvos. En mi completa convicción, yo pongo mi mano sobre el enfermo, como un símbolo de que tu realizas en él un poderoso milagro, y por el sacrificio, muerte y resurrección, y por las llagas de Cristo,  declaro libre y en completa salud a este hombre. Amén. El milagro fue inmediato, el hombre habló y daba gloria a Dios, lo senté sobre su cama, aun se notaba algo débil y pedí que le hicieran algo suave de comer. Comió y una semana más tarde, asombrosamente! Yo vi a ese hombre que iba corriendo en una bicicleta, totalmente curado. Gloria a Dios!  Por Derwell J Fallu

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